arco-de-la-malena-con-iglesia-julio-02-2015
casa-parada-05
fondo-portada-web-2000×1200-02

Historia de Tarancón

santuario-de-riansares-01-julio-2015

 

Inicialmente, los pobladores de origen celtibérico se asentaron en las inmediaciones del “Castillejo”, que más tarde serviría de fuerte en época romana. Se han encontrado restos de la Necrópolis en el “Haza del Cura” y existen restos arqueológicos y mosaicos en despoblados y villas. Según la tradición, es por entonces cuando se produce la devoción de los taranconeros a los santos Víctor y Corona, impresionados por el martirio de los mismos. Cuenta la leyenda que, ya en época visigoda, durante el reinado de Recaredo, comienza la devoción por una pequeña Virgen que éste donó, agradecido por su curación ante un oratorio sobre el que, con el paso de los siglos, se construiría el Santuario de Riánsares. Junto a la imagen el rey envió religiosas para su custodia, cuyas momias fueron descubiertas al abrirse los cimientos para la construcción del palacio aledaño durante el siglo XIX.

Ya en el siglo XX, en el año 1921, se concede a Tarancón el título de “Noble Ciudad”, que se recoge en la bordura del escudo de la antes villa junto a sus armas tradicionales: los símbolos de San Víctor y Santa Corona, y la puerta de una fortaleza que no es otra que el arco de la Malena y a veces se añaden los ánsares (patos salvajes) sobre un río que no es otro que el Riánsares.

Hechos tristes para el recuerdo de todos los taranconeros son el Motín de la Patata de 1919 y la explosión del Polvorín en la madrugada de las festividades de Santiago y de Santa Ana en el año 1949, con más de una treintena de muertos y centenares de heridos.

El barrio medieval del Castillejo, con la imponente Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, permite descubrir lo que fue esta ciudad hace más de quinientos años, convirtiéndose además, en mirador privilegiado sobre la ciudad.

Destaca en este entorno un tramo de la muralla en buen estado de conservación, culminado por la torre y el magnífico Arco de la Malena, puerta de acceso al entorno histórico de la Iglesia y el barrio medieval, y punto de contacto del barrio del Castillejo con el resto del Casco Antiguo de Tarancón (Plaza de la Constitución y Ayuntamiento, calle Zapatería y otros ejes tradicionales de la ciudad). Este Arco es el emblema del municipio, y el elemento constructivo más antiguo que se conserva.

En el Casco Antiguo de Tarancón, el referente y punto más conocido es la Iglesia de Nuesta Señora de la Asunción, cuya torre, del siglo XVIII, es el hito geográfico y paisajístico de la ciudad en esta zona del campo manchego. Existe documentación en el obispado sobre el origen gótico de dicho templo. La joya arquitectónica de Tarancón tiene una sola nave, con capillas laterales y portada gótica, y destaca por su torre de finales del siglo XVIII, conocida en la zona como la “Giralda Manchega” y coronada, ya entrado el siglo XIX, por Artiaga. Destaca en el interior el retablo, joya artística de estilo renacentista (Siglo XVI), cuya magnificencia y detalles hacen que esta obra de Pedro de Villadiego sea considerada la obra maestra del arte renacentista de la provincia de Cuenca.

Otros monumentos destacados son la Ermita de San Roque, la de San Juan Bautista, la de San Isidro, la de Santa Quiteria y en especial el Convento de los Franciscanos, uno de los edificios más importantes. Es de planta compleja, en la que coexisten la iglesia y el convento con arte del claustro en otra propiedad consecuencia de las desamortizaciones. Su fachada principal está rematada con un gran frontón triangular y se abre al exterior mediante una sencilla puerta dintelada.

También es excepcional la Casa Parada, edificio barroco de planta cuadrada, articulado en torno a un patio. Posee una portada barroca y el zaguán advierte de la pernoctación en la casa del mismísimo Carlos V, mediante placa conmemorativa y cadenas, así como de la procedencia de indianos mediante estampa de la Virgen de Guadalupe. La carpintería, el mobiliario, los elementos estructurales y decorativos de su arquitectura interior, sus pinturas de inspiración en Pompeya y Herculano.

Es digno de mención el Palacio de los Duques de Riánsares, hoy sede del consistorio. Su construcción data de 1845. Pertenece al periodo de mayor esplendor de Tarancón, cuando alrededor de este edificio se agrupaba la denominada “pequeña corte manchega” ya que su dueño, D. Fernando Muñoz, Duque de Riánsares, se había desposado con Dña. María Cristina de Borbón, cuarta esposa de Fernando VII.

Situada a las afueras de la población, la Ermita de Riánsares es una de las insignias de Tarancón. Lugar de aparición de la Virgen, según la tradición, el edificio ha ido evolucionando con los años. Inicialmente era la ermita de un pequeño poblado que desapareció definitivamente en el siglo XII.

En el siglo XVII, Pedro de Villadiego le da casi su aspecto actual. En el XIX, tras la desamortizacion de Madoz, Fernando Muñoz, Duque de Riánsares, adquiere la propiedad y construye su panteón en el interior de la ermita y un palacete aledaño a ella. La ermita es casi destruida en 1937 por los bombardeos y finalmente reconstruida con la máxima fidelidad. Guarda especial valor el retablo barroco que preside la ermita, así como las funciones recreativas al aire libre que representan sus terrenos. Terrenos en los que encontramos un puente romano en perfecta sillería sobre el río Riánsares.

En Tarancón, son muchos los personajes ilustres que han nacido como por ejemplo D. FERNANDO MUÑOZ, MELCHOR CANO, PEDRO SÁNCHEZ, LUIS RIUS AZCOITIA Y JUAN CARLOS DE LA OSSA YUNTA.